miércoles, julio 11, 2007

Toronto - Mil Islas - Ottawa



Muy temprano salimos a Mil Islas, el desayuno fue pésimo. De camino a mil islas tuve la oportunidad de desayunar en un McDonalds para complementar el desayuno (???) del hotel, una hamburguesa con un sabor diferente al de México comenzando por el hecho de que no tenía mayonesa.
En Mil Islas el día era muy nublado, sin embargo se pudo disfrutar bien el paseo en barco, la región de mil islas consta, en realidad, de unas mil ochocientas islas, de las cuales solo mil pertenecen a Canada y de ahí el nombre de la región. Lo particular de éstas islas es que todas han sido vendidas a particulares que construyen sus casas de verano, no son casas permanentes ya que el agua se congela en invierno y es imposible salir de las islas. Al parecer muchas de éstas islas tienen historias que contar, por ejemplo está la isla del corazón cuyo dueño llegó a Canadá sin un centavo en la bolsa y llegó a ser un hombre de mucho dinero, se cuenta que la isla era un presente para su esposa y mandó que se le diera forma de corazón, lamentablemente la esposa murió antes de que se terminara y el dueño (se cuenta) jamás regresó a su isla; existe también la isla de la suegra, que cuenta la historia que un hombre regaló a su suegra y la dejaba en ella antes del invierno.
En éste lugar lo único para comer es el restaurante de la marina, cuyo buffete es de 16 dólares por cubierto y consta de comida casera (lo que en México conocemos como comida corrida), por lo que decidimos no pagar esa cantidad y mejor comer hotdogs fuera del restaurante, una lluvia nos pegó un poco sin mayor problema. De ahí partimos a Ottawa.


Por la tarde llegamos a la ciudad de Ottawa; he de decir que, de las 3 ciudades que hemos conocido, ésta es la que más me ha gustado para vivir, mientras que Niágara es un pueblito pintorezco y Toronto una gran urbe (donde también se respira algo de estres), Ottawa es una ciudad urbana con una tranquilidad abrumadora y un panorama bien chido. Aquí las costumbres y la gente es más anglo (a mi parecer), la ropa es más barata que en Toronto y no hay mucho de tiendas de electrónica, los hotdogs son más caros y menos típicos que en Toronto. Lo mejor, fue una librería enorme, cuya sala de libros dedicados a la computación era aproximadamente un poco más de la cuarta parte de las librerías más grandes de México, y su catálogo rebasaba por mucho el de cualquier librería de México. Aproximadamente a las 11 pm acudimos a un espectáculo bien pero bien chido de iluminación del parlamento.


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